La casa vacía de los Covo

Por Hernán Lenes P. Álvarez

Las paredes de la sala de la casa familiar de los Covo quedaron peladas. Las pinturas de Pedro que acompañaban las poltronas en las que la familia ha hablado por años de historia, arte y medicina, ahora hacen parte de la exposición Puntos de Fuga, de la quinta edición del Circuito de Arte de Cartagena, CAC. “Así de íntima es esta presentación”dice Pedro. Esta edición del CAC se inauguró el pasado 3 de septiembre, dos meses después de lo habitual. La exhibición que abrió lo que será un mes de obras de artistas emergentes en los museos y salas de galería de Cartagena, tuvo lugar en el salón de exposiciones del Centro para la Cooperación Española en el Claustro Santo Domingo, bajo la vigilia permanente de Gertrudis, la mujer de bronce que el maestro Fernando Botero le regaló a la ciudad en el 2000. A unos 10 pasos largos de la Figura reclinada 92, “Puntos de Fuga” en negro y como letrero, anuncia el paso al mundo contemporáneo que el Circuito instaló en el Claustro. Al entrar, dos obras de Egling Meriño de su colección ‘Fragmentos de un barrio vivo: Bazurto’ dan la bienvenida, y al fondo, atravesando las instalaciones de otros muy buenos 10 artistas invitados, dos piezas de Pedro Covo tienen el efecto del canto de las sirenas. Pedro, o Pedro Miguel, como le dicen en su casa, es cartagenero y pintor. No hay una descripción más precisa. Nació hace 37 años y desde que se acuerda ya era eso. Le ha dedicado varios años de su vida a estudiar artes y pinturas, y otros cuantos a enseñarlas. La invitación a exponer en el Circuito de Arte de Cartagena lo cogió en su estudio terminando de empacar sus últimas obras para enviarlas a Bogotá, a la exposición en el Museo Casa Enrique Grau, otro artista Cartagenero que le regaló su nombre al Museo de Arte Moderno de Cartagena, y el mismo en el que por única vez habría expuesto Pedro en la ciudad que lo parió. Desde 2023 las obras de Pedro Miguel no veían una galería ‘heroica’, por lo que el espacio en el CAC era una ilusión hecha realidad. Esa fue la misma motivación que lo llevó a desvalijarle la sala a sus papás, con la venia de su mamá. “Cuando me llamaron, no sabía qué presentar, porque ahora todo lo que estoy pintando es para una exposición individual que tengo el próximo 8 de octubre en el Museo Casa Grau, en Bogotá. Entonces, cuando le conté, ella misma se ofreció a prestarlos”, cuenta Covo. “David” y “Sin Título” dejaron de reposar en casa de los Covo y llegaron al Circuito a evocar las garzas y gaviotas que Pedro se ha dedicado a pintar los últimos cuatro años. “Sin Título”, un óleo sobre lienzo de 120 centímetros de alto por 90 centímetros de ancho, es un retrato de su hermana, Sofía, “la autoproclamada reina del patio de la casa” de sus padres. En esta pintura Sofía está tomando el sol mientras sostiene un vaso en su mano derecha, y recarga el peso de su cuerpo sobre uno de sus pies descalzos. Sus chancletas rosadas tres puntadas aguardan pacientes bajo la luz del día cartagenero. Piezas del pintor Pedro Covo en el Circuito de Arte de Cartagena “David”, la otra pintura que Pedro cedió al CAC por estos días, es una obra de 100 centímetros de alto por 90 de ancho. Este es otro regalo de Pedro a su familia. Es un retrato de su hermano David: un hombre de barba y cabello oscuro, sentado pausadamente en el jardín. A su izquierda, entre las sombras de frondosas plantas de hojas anchas emerge la figura de Pepito, el perro de la casa. Ambos retratos son del año 2021. Esta tranquilidad de Sofía y David en las obras, Pedro también las retrató antes con su abuela: Doña Gladys, en los tiempos en que la pandemia de 2020 nos marcó la rutina a todos. Aunque Doña Gladys no cuelga de las paredes del CAC como sus nietos, su pintura recibe y explica toda la exposición. Uno de los postcards de ‘Puntos de Fuga’ es una foto de un retrato que Pedro le hizo en la pandemia. “He estado obsesionado con pintar a mi abuela una y otra vez”, decía el pintor por esas tardes. “Ritual de lo habitual fue el proyecto de mi tesis de maestría en pintura. Era una serie de retratos de mi abuela Gladys, que vivió toda su vida con nosotros, o más bien nosotros con ella, porque esa era su casa. “David” y “Sin Título”, las dos obras que están en el CAC no hacen parte directamente de esa serie. Las pinté poco después de la pandemia y surgieron de una manera bastante espontánea, sin mucha pretensión, simplemente de querer pintar lo que uno tiene cerca, lo que uno conoce y lo que uno quiere.”, explica el pintor. Sin embargo, todas las pinturas comparten la magia de confundirse con acuarelas, aunque sean óleos, y de parecer sumergidas en alguna ciénaga de Cartagena, el medio ecológico de Pedro Miguel que seis años después lo sostienen volando con alas blancas y picos grandes por el mundo. “Casi todo lo que vale la pena saber se aprende todavía en casa”.

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