La mañana que bombardearon Caño de Loro
Por Hernán Lenes P. Álvarez
A las 8 a.m. del jueves 21 de septiembre de 1950, salió de la base de Palanquero, en Puerto Salgar, Cundinamarca, rumbo a Cartagena de Indias, una escuadrilla de aviones B-25 y F-47 de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), con la misión de realizar el primer bombardeo sobre la Colonia-Sanatorio de Caño de Loro, en Tierra Bomba, Cartagena. La gente que vive frente al agua sabe que el mar tiene sus propios horarios y sus propias noticias, pero aquel jueves 21 de septiembre de 1950, la ciudad se despertó con una prisa distinta. Desde las primeras horas del día los cartageneros se amontonaron en la orilla continental de la bahía, a unos trescientos metros demarcados por la base naval. Al otro lado, en la isla de Tierra Bomba, con un anuncio fúnebre, Caño de Loro lucía fantasmal. Hacía apenas dos meses que los enfermos se habían marchado. En julio, quinientas personas que habían construido allí una vida fueron evacuadas. En ese entonces el pueblo se dividía en dos: los sanos y los enfermos. Divididos por una paredilla, en lo que hoy se conoce como Barrio Abajo, los enfermos tenían una iglesia, canchas de béisbol, una planta eléctrica recién instalada y un teatro donde los días se pasaban con el estigma medieval de la lepra pegado al cuerpo como una segunda piel. Allá pasaba las mañanas Alberta Caraballo, una nativa 'sana' que hoy tiene 91 años y aún saluda a los vecinos desde el patio de su casa en Caño de Loro. Con la excusa de asistir a misa, en la única iglesia en todo el pueblo, Alberta visitaba el Centro Administrativo, al otro lado del leprocomio, y conseguía un permiso de un policía para entrar. Allá, junto a niñas enfermas al cuidado de las monjas de la iglesia, montaban 'comedias' para el teatro. Los "ñapos" habían habitado ese suelo con el peso de una condena, mirados desde Cartagena como una impureza que debía ser expulsada, y que constituía "un motivo de espanto para una de las más hermosas ciudades de nuestro litoral atlántico", sentenciaba el ministro de higiene Jorge E. Cavelier en sus memorias. Antes de convertirse en el primer Lazareto de Colombia, tras la epidemia de lepra en el país, Caño de Loro era el centro de producción de cal más importante de Cartagena. Felipe García, experto en Conservación del Patrimonio, explica que estos centros de producción hoy hacen parte de la declaratoria de Bienes de Interés Cultural Nacional (BIC). "Todas estas construcciones: hornos, pozos, aljibes, fueron donde se produjo el cal que se transportaba a Cartagena para dar inicio a las Fortificaciones y a gran parte del patrimonio construido que tenemos actualmente en la ciudad". Y para 1795, trasladaron al pueblo isleño el hospital de San Lázaro. Tres edificaciones recogieron a los enfermos y médicos en ochenta habitaciones hasta ese jueves 21 de septiembre. "En 1947 comenzaron a socializar con la gente el traslado hacia Agua de Dios. Alguna gente no creía. En el 48 comenzó el traslado, y ese momento duró entre un año y medio o 2 años. En 1950 comenzó el bombardeo", cuenta Calixto Polo, líder social de Caño de Loro, con memorias de su mamá, Martina Medrano, quien vivió en el lazareto. El éxodo fue un laberinto logístico. Los quinientos salían en barca hasta Cartagena. De Cartagena, en avión de carga adaptado para pasajeros hasta Flandes, en el Tolima, en nueve vuelos distribuidos en dos etapas. De Flandes, en tren o en bus escalera hasta Tocaima, en Cundinamarca. De Tocaima, a Agua de Dios, donde el gobierno tenía otro lazareto esperándolos. Cada individuo podía llevar setenta kilos. El Ministerio se obligaba a desinfectar la cabina del avión después del último vuelo de cada serie. Cuando fueron las ocho de la mañana de ese jueves, una escuadrilla de aviones B-25 y F-47 de la Fuerza Aérea Colombiana salió de la base de Palanquero, en Puerto Salgar, Cundinamarca, rumbo a Cartagena de Indias, bajo la mirada del presidente Laureano Gómez. La maniobra contaba con la cooperación de una misión aérea de los Estados Unidos entrenada desde febrero de ese año. Los B-25 eran bombarderos usados por las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial y todavía en servicio casi cuatro décadas después de su diseño. Los F-47, por su parte, eran aviones que la Fuerza Aérea Colombiana había comenzado a adquirir desde principios de 1946. 35 aeronaves en total, conocidos por su poder de fuego y versatilidad, asignados a la base de Palanquero desde donde realizaron múltiples actuaciones en apoyo al Ejército. En Colombia se habían ganado el apodo de "ataúd volante" por los siete accidentes fatales que produjeron entre 1950 y 1955, según el artículo de investigación de Adriana María Alzate Echeverri, "El bombardeo del Lazareto de Caño de Loro, Cartagena de Indias, 1950: un experimento sanitario y militar", publicado en Historia Caribe, Vol. XX, No. 47, julio-diciembre de 2025. "Con el sobrevuelo de los aviones salimos corriendo. Aunque el bombardeo sería de aquel lado del pueblo, creo que no sabían que de este lado había gente. Salimos caminando para Punta Arena (un pueblo vecino en la misma isla). Pudimos haber salido a las once de la mañana, y cuando quisieron ser las 11:30 A.M., ya teníamos rato allá"; recuerda Alberta. Alrededor del mediodía, y sobre la vista del tumulto de cartageneros orillados en la bahía, el horizonte de Tierra Bomba se fracturó. Los aviones arrojaron bombas de 600 y 300 libras de TNT. "Uno de pelao' no le tenía miedo a las bombas. Esos días nos íbamos en la mañana para Punta y regresábamos en la tarde, después que ya hacían el trabajo. Cuando uno llegaba a la casa encontraba cráteres en el pueblo, y pedazos de hierro que caían en el pueblo de acá". Entre el viernes 22 y el domingo 24 de septiembre se realizaron nuevos bombardeos para que las edificaciones quedaran completamente eliminadas. Durante cuatro días el cielo descargó catorce mil libras de explosivos sobre las casas, el hospital y la iglesia de Caño de Loro. Esa tarde del 24 de septiembre, cuando el humo se levantó sobre Caño del Loro, la multitud habría visto los últimos rastros del hospital de San Lázaro y de su iglesia. Hoy, 75 años después del bombardeo, el pueblo se levanta sobre las ruinas de su historia. Los restos de la Iglesia del leprocomio vigilan la cancha de fútbol de arena; su nave central y los muros laterales han desaparecido casi por completo, dejando únicamente en pie el muro de la fachada frontal, que se alza como una arcada monumental, y la belleza de lo que un día fue el edificio se delata en el marco circular de un rosetón decorativo con calado interno en forma de flor. Vista frontal de las ruinas de la Iglesia de Caño de Loro, en Tierra Bomba, Cartagena de Indias. Foto: La Enbajada. Del otro lado del pueblo, en Barrio Arriba, en los terrenos y predios donde funcionaba el antiguo y bombardeado hospital, hoy está ubicada el único colegio del pueblo. De lo que fue el Centro administrativo quedan unas cuantas paredes en pie, a punto de caerse, y que aún conservan la pintura amarilla colonial de los años en que las bombas cayeron del cielo. Quienes hoy habitan Caño de Loro saben de la historia que hacer estallar el pueblo fue la única forma que encontraron para sanitizar de la lepra, y así evitar "el contagio". En 1982, 32 años después del bombardeo, por instrucción del Servicio de Salud de Bolívar, todavía buscaban contagiados de lepra en el pueblo, así lo dice María Villa, promotora de salud de la época. "No encontramos ni un caso nuevo", afirma. "Ahí vieron que eso no era contagioso". "Aquí, en frente de mi casa, quedó un señor de apellido Banquez. Aparentemente él se fugó del leprocomio antes del traslado. Tenía las piernas dobladas hacia atrás, la cara volteada y los deditos mochos. De ahí que a los enfermos les dijeran "ñapos". Murió años después sin familia. Juan Banquez, se llamaba". Las razones oficiales del bombardeo mezclaban salud pública, interés militar e imagen turística. Desde 1943, la Ley 90 había establecido que el territorio del lazareto de Caño de Loro se destinaría al uso de la Base Naval de Cartagena. En enero de 1950, el Decreto 121 ratificó esa destinación y ordenó el traslado de los enfermos a Agua de Dios. La base naval que justificó el bombardeo nunca se construyó. La Enbajada supo que en la Escuela Taller de Cartagena de Indias existe el borrador de un proyecto para recuperar las ruinas, bajo la Resolución 0659 de 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, que declaró el Paisaje Cultural Fortificado de Cartagena de Indias como Bien de Interés Cultural (BIC) del Ámbito Nacional y aprobó su Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP).